EDUCACION

Por qué escribir a mano te puede hacer más inteligente y mejor persona

La escritura manual cada vez está más arrinconada en las aulas, sobre todo en las universitarias. Sin embargo, tanto pedagogos como científicos avalan los beneficios de trazar las letras sobre el papel
Pocos o nadie entre las generaciones de la EGB que crecieron dejando correr sus lápices y gomas Milan sobre cuadernos Rubio sospecharon que la exigencia que recibían por aquel entonces de mejorar su caligrafía vacilante pudiera convertirse, en tiempos actuales, en un asunto residual. Aunque algunos educadores creen precipitado declarar la escritura a mano como un vestigio de nuestra enseñanza ante la revolución tecnológica, el futuro de su práctica parece cada vez más desdibujado, a pesar del gran estímulo que, según la ciencia, supone para el desarrollo del aprendizaje.

«Hoy no se escribe, se anota. La escritura manual ha perdido su carácter utilitario. En el colegio se sigue escribiendo, pero cuando se llega a la Universidad se pierde», admite con resignación la calígrafa Anna Coll. Han pasado ocho años desde que pusiera en marcha la Escuela Deletras en una calle de Madrid, uno de los escasos reductos en España dedicados a este fin junto con el taller de caligrafía de Isabel Padilla. De su público, supervivientes que aún buscan embellecer sus trazos, surgen frases que, por un lado, revelan el crepúsculo del puño y letra («llevo 10 años sin coger un bolígrafo») y, por otro, una tendencia a hacer de ella un hobby relajante que para algunos sirve de sustitutivo de sesiones con el psicólogo, tal y como ambas expertas han llegado a escuchar de sus alumnos.

Según Juan Antonio Núñez, profesor de Desarrollo de Habilidades Lingüísticas y Lectoescritura y coordinador del Centro de Escritura de la Universidad Autónoma de Madrid, la caligrafía debería convertirse en una estrategia didáctica, no sólo en Primaria, sino en Secundaria y en la Universidad. ¿Pero por qué?

«Escribir en papel favorece la transformación del conocimiento, porque de esta forma hay que procesar, sintetizar, reflexionar, analizar y categorizar. Hablamos de un proceso de abstracción donde se está continuamente tomando decisiones». De la misma forma, el psicólogo educativo Antonio Labanda, señala que cuidar la coordinación visomotora que se genera con esta práctica «es fundamental no solo para el desarrollo neurológico, sino para mantener una atención insustituible con la que poder evitar faltas de ortografía viendo al instante lo que se está haciendo cuando hay que darle más rapidez a la escritura».

Numerosos estudios apoyan cada una de estas afirmaciones. Uno de los que más han dado de qué hablar es el publicado en 2012 por Karin Harman James, investigadora del Departamento de Ciencias Cerebrales y Psicológicas de la Universidad de Indiana(Estados Unidos) y experta en esta materia desde el punto de vista neurológico.

En él, realizó escáneres cerebrales a niños que aún no sabían leer ni escribir para comprobar qué regiones se activaban al pedirles que reprodujeran una letra de tres maneras: dibujándola en un papel, trazándola sobre una línea de puntos y mecanografiándola. Los resultados desvelaron que los niños que la escribían a mano alzada mostraban una mayor actividad cerebral en tres áreas del cerebro que se activan en los adultos cuando leen y escriben: el giro fusiforme izquierdo, el giro frontal inferior y la corteza parietal posterior.

En esa línea, Anna Pujol, neuróloga del Instituto Oliver & Ayats en el Centro Médico Teknon de Barcelona, apunta que el hecho de que el volumen de activación sea mayor y que la escritura manual ponga en marcha habilidades que conectan el hemisferio izquierdo con el derecho hace que «tejamos redes más complejas que en teclado y sentemos las bases de nuevos aprendizajes» que permiten generar más ideas y conceptos.

Algunas de las mentes más brillantes e inspiradoras de la historia han sido ejemplo de ello, como el mismísimo padre de la tipografía digital y cofundador de Apple, Steve Jobs. En su famoso discurso ofrecido en 2005 en la Universidad de Stanford, reconoció que, tras abandonar sus estudios superiores en el Reed College por motivos económicos, y atraído por un campus poblado de posters y etiquetas «bellamente caligrafiados a mano», aprovechó que en aquella época la Universidad de Reedscontaba con la mejor formación en caligrafía del país para continuar ahí su aprendizaje.

Una década más tarde, cuando ya se encontraba ideando el primer ordenador Macintosh, averiguó que la aplicación práctica de aquella enseñanza supondría un hito: «Diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquel curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional».

De ahí que educadores como Juan Antonio Núñez insistan en que el dominio de la caligrafía va siempre ligado al conocimiento. Una idea que contrasta con la decisión adoptada en 2016 por Finlandia (país con uno de los sistemas educativos más avanzados de Europa según el informe PISA de la OCDE) de que sus niños dejaran de aprender por obligación la letra manuscrita cursiva para enfocarse en la mecanografía de cara al futuro profesional. Aunque el profesor de la Autónoma de Madrid cree que es necesario mantenerse prudentes a la espera de resultados entre los jóvenes nórdicos, admite que existe un debate continuo en sus clases respecto a esta medida.

En España, ese mismo año, Ipsos publicaba el estudio Vuelve a escribir, en el que revelaba que un 75% de los españoles había dejado de escribir a mano. A su vez, en una encuesta realizada por Samsung a 1.001 españoles se desprendía que lo hacemos únicamente para temas selectivos como redactar la lista de la compra (80% de los encuestados) o corregir textos (75%). Y eso que recientemente hemos sabido que la editorial de los cuadernos Rubio ha aumentado sus ventas en un 22% tras potenciar su negocio digital.

Nada de esto podría imaginarse en un país como China, donde su escritura, inventada en tiempos del emperador Huangdi (2695-2598 a.C.), es considerada como un arte que apenas ha variado desde entonces. La profesora de caligrafía, pintura y lengua china de la Universidad Pompeu Fabra y de Casa Asia, Hsiao Lin Liu, señala la importancia que se le sigue dando allí al igual que a la artesanía: «Escribir a mano está muy interiorizado. Supone un camino hacia la meditación porque para hacerlo necesitas estar tranquilo».

A la vez que recuerda las dos horas diarias de caligrafía que recibía durante su niñez en Taiwán, Liu remarca que, pese a que allí también ha perdido fuerza en los últimos años y a que la simplificación de trazos ha provocado que nuevas generaciones tengan problemas para leer obras antiguas, sigue habiendo un gran respecto por sus valores y ventajas. Así las resumió en una ocasión el historiador y calígrafo Guo Moruo (1892-1977): «Anima a la gente a prestar atención, a concentrar su voluntad en el trabajo manual y a aumentar su consideración hacia ellos mismos y hacia otras personas».

Precisamente, los matemáticos chinos siempre han gozado de una gran fama internacional. Desde pequeños se ejercitan con juegos de lógica o métodos tradicionales de cálculo con ábaco como el tradicional zhusuan. Al respecto, Anna Pujol cree que, aunque no existen evidencias de ello, la propia escritura podría tener un valor añadido: «El código de la escritura china es conceptualmente más parecido al matemático que el nuestro. Eso hace que las áreas del cerebro que ellos necesitan activar sean más próximas en ambas actividades».

En cualquier caso, en esta era digital en la que se envían más de 269 millones de mails al día según un estudio de Racicati Group, expertos de la buena letra como Núñez, Coll o Padilla siguen poniendo el acento en la caligrafía para que sus beneficios vayan más allá de la infancia. Ya sea por mejorar nuestro aprendizaje, por afición, por terapia, por respecto a quien nos lee o quizá sólo por conservar lo que el filósofo Voltaire consideraba «la pintura de la voz».

 

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